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Aceite de palma, la guerra está declarada

La licenciada en Derecho y gerente de una empresa familiar dedicada al envasado y distribución de aceites en Navarra, Laura Sandua, ha explicado en la web de Restauración Colectiva los pormenores del polémico aceite de palma, producto que está en el punto de mira de todo el sector alimentario y consumidores por su composición alta en ácidos grasos saturados, lo que le convierte en un producto contrario a lo que se suele conocer como “ingrediente saludable”.

 

El aceite de palma se encuentra en el 50% de los productos que se consumen a día de hoy y es la grasa más utilizada a nivel mundial. Además, diversos sectores defienden que su producción es además perjudicial para el medio ambiente y ciertos ecosistemas. Por estos motivos, como explica Sandua “es necesario plantar cara al enemigo. Es momento de que un líder se ponga al frente de esta corriente social y dirija la estrategia adecuada, utilizando como armas la exaltación de la dieta saludable, como la única vía para que la humanidad viva más sana durante más tiempo”.

 

Según la abogada y gerente “es precisamente nuestro país quien debería recoger el testigo de este liderazgo” teniendo en cuenta que “España es el mayor productor y exportador mundial de aceite de oliva. Hoy en día, la grasa más saludable. Cada día asistimos al descubrimiento de un beneficio más para la salud, aportado por el consumo de este aceite (prevención de diversos tipos de cáncer, de colesterol, de obesidad, de enfermedades coronarias, cardiovasculares, degenerativas y un largo etcétera). Además, junto a países del entorno, España es cuna de la reconocida mundialmente como la dieta más saludable, la Mediterránea. La Unesco la declaró como Bien patrimonio inmaterial de la humanidad’ y como la forma más adecuada para luchar contra la malnutrición y la obesidad a nivel mundial”, defiende Laura Sandua.

Una de las soluciones: la información en el etiquetado
Según explica “tenemos la autoridad suficiente como para encabezar una estrategia que vuelva a situarnos en el mapa del mundo, por algo que vaya más allá de la corrupción o el paro. Ahora sólo falta que las autoridades competentes se pongan a ello. ¿Cómo? A través de la puesta en práctica de medidas que sirvan de ejemplo para otros países y encauzadas a través de la UE para su obligada aplicación: medidas que pongan límites a la importación de aceite de palma y a la distribución de productos alimentarios que lo contengan; que regulen el porcentaje de concentración del aceite de palma en los alimentos y que obliguen a un etiquetado más claro; medidas donde se exponga con letras grandes y visibles si el producto contiene grasas perjudiciales como el aceite de palma y en qué cantidad; y medidas, fundamentalmente, que fomenten la concienciación social y una educación a los escolares asentada en los saludables hábitos alimenticios de la Dieta Mediterránea”.

Otra iniciativa importante que propone Sandua “pasa por evitar el uso de nombres que encubren el contenido en aceite de palma. Son varios los utilizados en las etiquetas, pero el origen es el mismo: aceite de palmiste, grasa vegetal fraccionada e hidrogenada de palmiste, sodium palmitate, estearina de palma, oleína de palma o manteca de palma, por ejemplo”.

Proposición para retirar el aceite de palma de colegios, centros de salud e instalaciones deportivas

La abogada experta comenta que “algunas entidades ya han comenzado a tomar medidas, aunque muchas de ellas, no pasen de una llamada de atención. La mayoría parlamentaria del congreso aprobó en abril una proposición no de ley (por lo tanto sin aplicación práctica) para retirar de forma progresiva los productos que contienen aceite de palma en colegios, centros de salud e instalaciones deportivas. En ella también se insta al Gobierno a llevar a cabo reformas legales para evitar el fomento del consumo de productos con contenido en aceite de palma, mediante publicidad o ganchos comerciales como juguetes, adhesivos, etc”.

Esta iniciativa “se impulsó después de que el Parlmento Europeo pidiera restringir la importación de aceite de palma. Su consumo ha pasado de las 270.000 toneladas en el año 2000 a los tres millones en 2016. Esta petición se debe también a la deforestación que se crea allí donde se cultiva. Tenemos ejemplo de su impacto medioambiental en Malasia, Indonesia, África y Sudamérica. Y su cultivo crece a razón de un 10% al año”.

Ante el revuelo causado, “ya son varias las cadenas de supermercados que han decidido dar un paso adelante contra el aceite de palma. En España, la más radical ha sido la cadena de venta de alimentos ecológicos, ‘SuperSano’, que ha retirado todos los productos que contienen aceite de palma. La reacción del consumidor no se hizo esperar. Sus ventas se han incrementado un 20%”.

“En España, el CSIC, a través de su Instituto de la Grasa, ha desarrollado una variedad de girasol para generar aceite también con un alto contenido en ácido esteárico.

En definitiva, alternativas hay y seguirán descubriéndose más, porque la sociedad y la salud lo demandan. Sin embargo, antes de que esto ocurra, el consumidor siempre debería tener la opción de elegir, a través de etiquetas claras y letra visibles, entre lo más saludable y lo menos saludable”, concluye Laura Sandua.

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